viernes, 16 de marzo de 2007

SEMINARIO MAYOR LOS SAGRADOS CORAZONES

BAUTISMO Y CONFIRMACIÓN

PRESENTADO A: P. LUIS GUILLERMO RUBIANO C.J.M.

PRESENTADO POR: JOSE FERNANDO NARVÁEZ GOMEZ

MAURO URBANO URBANO

III DE TEOLOGIA


ELEMENTOS DEL BAUTISMO Y CONFIRMACION EN LA SAGRADA ESCRITURA


LA PREPARACIÓN DEL ANTIGUO TESTAMENTO


El cristianismo hunde sus raíces en la tierra bíblica; permite descubrir elementos del origen del bautismo mejor que las religiones mistéricas. Israel para incorporar al pueblo elegido practicaba las lustraciones rituales y utilizaba el rito de circuncisión.


Lustraciones judías:


La religión israelita utilizaba baños y lustraciones para obtener o recobrar la pureza legal. El tema de la pureza e impureza es un binomio determinante para el pueblo de Israel. La impureza mancha y aleja de Dios. Se llega hasta tal punto de distinguir entre animales puros e impuros y enumerar actos y contactos de contaminación.


El elemento externo utilizado para la purificación era el agua. Antes de cada ofrenda se debían lavar las manos y los pies. El sacerdote debía tomar un baño para oficiar su actividad religiosa.


Circuncisión, rito de incorporación:


Israel toma este rito de los egipcios. Luego, fue un signo de la alianza y pertenencia a Yahveh. La obligación de circuncidar nace en el exilio para no confundirse entre los paganos y así poder identificarse.


El rito se oficiaba al octavo día, en él se incorporaba al niño varón al pueblo de Dios y participaba en las promesas mesiánicas. Los profetas hablan de la circuncisión de corazón. Jer 9,25.


El bautismo de Juan:


La tradición sinóptica se abre con el bautismo de Juan el Bautista (JuBa).

Juan prepara el camino del que ha de venir. Su bautismo es presentado por él como un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Mc 1,4 ; Lc 3,3 unido a la confesión de las culpas.


Mc y Lc presentan por primera vez el vocablo bautismo, “”, que significa la inmersión en el agua del hombre entero. El baño expresa la inmersión y la metanoia. El bautismo de Juan se presenta como un acto colectivo ofrecido a todos, extranjeros, pecadores e incluso niños.



Este acto tiene un matiz distinto al rito de circuncisión. El cometido de Juan es preparar al Señor un pueblo bien dispuesto y manifestar el Mesías a Israel. Existía una secta bautista judía, que se asentaba a orillas del jordán, del mismo modo que Juan. En este tiempo existe un movimiento bautista que estaba desarrollado en Palestina y Siria. Los esenios realizaban baños rituales; es posible que Juan el bautista haya tenido contactos o influencias de ellos.


Juan anuncia el bautismo “en el Espíritu y fuego”.


Juan distingue el bautismo provisional de agua que él administra, al bautismo próximo” en el Espíritu y fuego”. Juan habla que detrás de el viene uno más fuerte que bautizara en el Espíritu y fuego. La diferencia no está entre el agua y el Espíritu, sino entre un bautizador y otro, entre una misión y otra.


El bautismo de Jesús por Juan bautista:


El encuentro de Jesús y Juan a orillas del jordán señalan el final de la misión del bautista. La historicidad de este acontecimiento es indiscutible; Mc 1, 9 –11; Mt 3, 13 – 17; Lc 3, 21 – 22. este acontecimiento se compone de tres elementos:


  1. Solidaridad de Jesús con los bautizados

  2. Palabras declarativas venidas del cielo

  3. Manifestación del Espíritu.


Solidaridad de Jesús:


Jesús no se separa de los pecadores que vino a salvar, sino que forma cuerpo con ellos.


La entronización mesiánica:


Se abre el cielo; escena que presenta la consagración pública y solemne de su misión profética, regia y mesiánica. Proclama la condición y misión de Jesús. El Padre afirma la filiación del Mesías.


La efusión del Espíritu:


Describen al Espíritu que desciende en forma de paloma sobre cristo. Jesús recibe en el bautismo el Espíritu en plenitud, lo cual consuma y expresa su consagración mesiánica. Manifiesta el poder salvífico y creador de Dios.


El simbolismo de la paloma pone en evidencia la acción creadora de Jesús en la comunidad el Espíritu se manifiesta como un poder de regeneración y de vida renovada.


El mandato de bautizar después de la resurrección de Jesús:


Depuse de la resurrección, el bautismo será para los hombres el medio para recibir la remisión de los pecados y la renovación en el Espíritu. En Marcos, el día de la resurrección, Jesús confía a los once la misión de evangelizar el mundo ”el que crea y se bautice se salvará” Mc 16, 16. El Resucitado notifica el mandato de conferir el bautismo y de anunciar la buena nueva: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” Mt 28, 18 – 19.


Los hechos de los apóstoles:


La efusión del Espíritu santo es un bautismo. Los apóstoles serán inmersos en ese bautismo. Tres elementos componen el bautismo cristiano en los Hechos:


  1. Remisión de los pecados

  2. El acontecimiento fe Jesús rechazado por los judíos (pasión, muerte y resurrección)

  3. El acontecimiento de Pentecostés.


El bautismo de agua:


Para cristo hubo simultaneidad entre el bautismo del agua y la efusión del Espíritu. los discípulos, los apóstoles, después de recibir el bautismo de Juan reciben el Espíritu en Pentecostés. En la comunidad apostólica el bautismo comprende el rito de inmersión, “para el perdón de los pecados”. El bautismo cristiano es una participación en la salvación de Cristo y acción de su Espíritu.


El bautismo en nombre de Jesús:


La comunidad apostólica realiza el bautismo de agua en nombre de Jesús; Cristo ha venido y nos trae la salvación. Consuma su obra con el envío del Espíritu santo en Pentecostés.


El desarrollo de la evangelización comienza con la proclamación de la venida del Mesías y termina con la invitación al bautismo. (Felipe bautiza al eunuco de la reina de Candace, Act 8: 26 – 39). No se habla de una confesión explicita y efusión del Espíritu.


Los oyentes responden a la palabra acogida con una actitud de fe; como disposición inmediata para recibir el bautismo, hay que creer para ser bautizado. Act 2, 41; 8, 12; 16, 15; 16, 33. Aquellos que abrazan la fe reciben el bautismo de agua. El rito es a la vez público y litúrgico.

El bautismo efectúa la incorporación al pueblo mesiánico. Significa y sella públicamente del compromiso personal del candidato, que por la fe da testimonio, con todos los creyentes, del señorío del Resucitado.


El bautismo en el Espíritu:


Los Hechos afirman que el Espíritu Santo es dado a la Iglesia y que él la conduce. Esta donación es la consumación de Jesús. El bautismo cristiano se liga al Espíritu como a la venida del Señor.


Normalmente el bautismo en el nombre de Jesús da el Espíritu Santo. Varios casos el Espíritu es dado mediante la imposición de manos, unida a una oración.


En suma, la comunidad apostólica practicaba el bautismo de agua en nombre de Jesucristo o en nombre del Señor Jesús, mediante el cual se perdonan loas pecados y se recibe el Espíritu Santo. De esta manera se forma parte de la comunidad mesiánica, en la cual el Señor reúne a los miembros de la nueva alianza, bajo la acción del Espíritu.



La teología paulina


Nos proporciona la primera elaboración de una teología del bautismo. Reflexiona acerca de la enseñanza recibida de la comunidad apostólica. Para describir la transfiguración que se opera por la fe y el bautismo, Pablo recurre a las imágenes antitéticas, a veces espaciales, más a menudo temporales: los dos eones, antaño-ahora; los dos Adanes, tinieblas-luz, vida-muerte, carne-espíritu. El bautismo constituye la frontera entre esas dos edades. La simbólica paulina traduce esta dialéctica espiritual por la imagen del baño que purifica, de la sepultura mística, muerte al hombre viejo, arrancamiento a las tinieblas e iluminación en el Señor.


Pablo relaciona el bautismo y el misterio pascual de Cristo (Rm 6, 3-7) como una participación en la muerte, en la sepultura y en la resurrección de Cristo de forma moral, real, espiritual y ontológica. El sacramento hace presente y activa para el catecúmeno la obra de la redención. El bautismo y la fe son la causa eficiente de la salvación; es el rito en el que los fieles confiesan a Cristo como Señor. Sólo por su relación interna se hace eficaz la fe. Esta conduce al bautismo, y conserva todo su significado más allá del rito otorgado de una vez para siempre.


El bautismo en el Espíritu Santo


En el bautismo, el neófito recibe el Espíritu Santo y un espíritu nuevo, que es un “espíritu de vida”. Vivir en cristo y vivir en el Espíritu son expresiones sinónimas. El Espíritu Santo es el primer don recibido. La presencia activa del Espíritu posee un significado a la vez personal y comunitario. Ella imprime al bautizado su carácter de santidad y de pertenencia al pueblo de Dios


Bautizados para formar un solo cuerpo


Mediante su propia muerte, el salvador arranca de la muerte a los bautizados, los salva y los lleva a su término, enseñándoles a proseguir su camino adelante (Éxodo y Moisés). Por su incorporación a Cristo, los cristianos se han convertido en hijos de Abrahán, en herederos de las promesas.


El bautismo opera a la vez la unión de los cristianos a Cristo y la inserción de los mismos a la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo. De este cuerpo Cristo es la Cabeza, que anima al cuerpo en la diversidad de sus miembros y lo desarrolla para llevarlo a su plena estatura.


La primera carta de san Pedro


Se presenta como una pequeña catequesis bautismal mistagógica, dirigida a los neófitos en plena asamblea eclesial. El texto más importante es: 1Pe 3, 18-22: un himno a Cristo resucitado y un fragmento de catequesis bautismal. Presenta el diluvio como figura del bautismo: así como Dios destruyó el pecado y salvó a Noe en el diluvio, así un nuevo diluvio manifestará a los hombres el juicio de Dios; algunos serán exceptuados gratuitamente.


El arca, como la Iglesia, es el instrumento de salvación; a las ocho personas salvadas corresponde en la economía cristiana los bautizados, salvados bajo el signo del octavo día, que es el día pascual. Los cristianos, sepultados mediante el bautismo en las aguas expiatorias de la muerte, son salvados por la resurrección de cristo.


La doctrina del cuarto evangelio


Interpreta el bautismo desde el punto de vista profético, que halla su cumplimiento en la persona y la misión de Cristo, el elegido de Dios, lleno del Espíritu y que bautizará en el Espíritu. La misión esencial del Mesías es regenerar la humanidad en el Espíritu Santo.


Juan utiliza la imagen del nacimiento de lo alto (Jn 3,3-5), del nacimiento de Dios, del nacimiento, del esperma de Dios (Jn 2, 29), familiar a la comunidad primitiva. El nacimiento de Dios es ante todo un misterio, que exige fe, y se apoya esencialmente en el nacimiento de Cristo, atribuido al Espíritu.


La aplicación a los fieles está ligada al eón nuevo, al cumplimiento de la Escritura, a la participación del Espíritu y a la vida eterna de quienes a través de la muerte han llegado a la vida. Este nacimiento hace de los fieles hijos de Dios, queriendo expresar la filiación divina de aquéllos, operada por la acción milagrosa del bautismo.


Jesús es bautizado en el Espíritu. El nacimiento de lo alto animado por un principio rigurosamente sobrenatural, no es otro que el de la Iglesia. El nacimiento de Jesucristo y su resurrección inauguran los tiempos nuevos y últimos, en los que la Iglesia se puebla de hombres, nacidos de Dios; éstos nacen del mismo poder de Dios, que se afirmó en la resurrección de Jesús y en la efusión del Espíritu.


Por el bautismo, el cristiano participa de Cristo mismo. El bautismo es el fundamento de la vida cristiana, desde la ruptura con el pecado hasta la consumación de la santidad.


CONFIRMACION

La confirmación es el sacramento que da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la filiación divina, incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada de las obras (Catecismo, 1316).


En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cf. Is 11,2) para realizar su misión salvífica (cf Lc 4,16-22; Is 61,1).


El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios (Mt 3,13-17; Jn 1,33- 34). Habiendo sido concedido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da "sin medida" (Jn 3,34).


Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico (cf Ez 36,25-27; Jl 3,1-2).


En repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del Espíritu (cf Lc 12,12; Jn 3,5-8; 7,37-39; 16,7-15; Hch 1,8), promesa que realizó primero el día de Pascua (Jn 20,22) y luego, de manera más manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2,1-4).


Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar "las maravillas de Dios" (Hch 2,11) y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cf Hch 2, 17-18).

Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2,38).


La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia (cf Dt 11,14, etc.) y de alegría (cf Sal 23,5; 104,15); purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad (la unción de los atletas y de los luchadores); es signo de curación, pues suaviza las contusiones y las heridas (cf Is 1,6; Lc 10,34) y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.


Por medio de esta unción, el confirmando recibe "la marca", el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona (cf Gn 38,18; Ct 8,9), signo de su autoridad (cf Gn 41,42), de su propiedad sobre un objeto (cf. Dt 32,34) -por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor-; autentifica un acto jurídico (cf 1 R 21,8) o un documento (cf Jr 32,10) y lo hace, si es preciso, secreto (cf Is 29,11


Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre (cf Jn 6,27). El cristiano también está marcado con un sello: "Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones" (2 Co 1,22; cf Ef 1,13; 4,30). Este sello del Espíritu Santo, marca la pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica también la promesa de la protección divina en la gran prueba escatológica (cf Ap 7,2-3; 9,4; Ez 9,4-6).





























Referencia bibliográfica


HAMMAN, A. El misterio cristiano: El Bautismo y la Confirmación. HERDER. Barcelona. 1982. Pág. 23-67

WWW. es.catholic.net.

No hay comentarios: